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Esta discutida novela fue publicada en 1928; los angeles fuerte corriente relacionada con l. a. energía sexual que recorre casi toda los angeles obra de D. H. Lawrence encuentra una de sus máximas expresiones en EL AMANTE DE woman CHATTERLEY, novela que se vio envuelta en l. a. polémica y el escándalo desde el momento de su aparición. Inválido de guerra, Sir Clifford Chatterley y su esposa Connie llevan una existencia acomodada, aparentemente plácida, rodeada de los placeres burgueses de las reuniones sociales y regida por los correctos términos que deben ser propios de todo buen matrimonio. Connie, sin embargo, no puede evitar sentir un vacío very important. Sir Chatterley un aristócrata intelectual, ciertamente engreído, que incita a su esposa a que se busque un amante que pueda satisfacer sus deseos carnales y que a l. a. vez los angeles deje embarazada, de esa forma solucionaría sus problemas (el asunto de l. a. descendencia y el de los apetitos de su esposa). girl Chatterley al principio se siente ofendida y no ve esta opción como algo posible. ¡¡¡Es una novela que despierta el sentido de l. a. sentido e los angeles sensualidad no tela pierdas!!!!

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El hombre l. a. miró. Luego volvió a dirigir aquella unusual sonrisa sutil al external, a través de los angeles ventana. Se hizo un tenso silencio. Por fin, el hombre volvió los angeles cabeza hacia ella, y dijo en tono irónico: —¿Ésa es los angeles razón por los angeles que te has acostado conmigo, para tener un hijo? Connie bajó l. a. cabeza. —No, no es ésa exactamente. Con cierta mordacidad, el hombre preguntó: —Entonces �cuál es? Connie le dirigió una mirada de reproche y dijo: —No lo sé. —Pues así me condene si yo lo sé. Hubo una larga pausa, un silencio helado. Por fin, el hombre dijo: —En fin, como Su Señoría guste. Si tienes el hijo, que le haga buen provecho a sir Clifford. No habré perdido nada. Al contrario, habré pasado unos momentos muy buenos, realmente muy buenos. El hombre se desperezó, reprimiendo en parte un bostezo, y añadió: —Si me has utilizado como instrumento, te diré que no es los angeles primera vez que me pasa. Y jamás me han utilizado de una forma tan agradable como ésta. Aunque, desde luego, uno no puede tener los angeles impresión de que su dignidad haya ido a más… Volvió a desperezarse, de una manera extraña, temblándole los músculos, y con los angeles quijada desencajada, de un modo raro. En tono de súplica, Connie dijo: —Pero yo no te he utilizado como un instrumento… —Siempre al servicio de Su Señoría. —No. Lo hice porque me gustaba tu cuerpo. —¿De veras? Se echó a reír y añadió: —Bueno, en ese caso estamos en paz, porque tu cuerpo también me gustaba. los angeles miró con ojos sombríos. Luego le preguntó con voz algo ahogada: —¿Quieres subir al dormitorio ahora? Con pesar, Connie repuso: —No, aquí no. �Ahora no! Sin embargo, si el hombre hubiera ejercido presión en ella, por leve que fuera, Connie habría accedido, ya que se sentía sin fuerzas ante él. El hombre volvió l. a. cara a un lado y pareció olvidarse de Connie. Connie dijo: —Me gustaría tocar tu cuerpo tal como tú tocas el mío. En realidad, jamás he tocado de veras tu cuerpo. El hombre l. a. miró, sonrió y dijo: —¿Ahora? —¡No! �No! �Aquí no! En l. a. cabaña. �Me dejarás? —¿Y cómo te toco? —Me tientas. El hombre los angeles miró, y su mirada se encontró con los angeles de los ojos graves y animados por el ansia de Connie. Riéndose todavía de ella, preguntó: —¿Y te gusta cuando te tiento? —¡Sí! , �y a ti? —¡A mí… bueno! Cambiando el tono de su voz, el hombre añadió: —Sí. Lo sabes sin preguntarlo. Y así period. Connie se levantó y cogió el sombrero, diciendo: —Debo irme. Cortésmente, el hombre dijo: —¿Sí? �Te vas? Connie quería que el hombre l. a. tocara, que le dijera algo, pero el hombre nada dijo, limitándose a aguardar. Connie volvió a hablar: —Gracias por el té. —Todavía no había dado las gracias a Su Señoría por haber honrado mi mesa. Connie se alejó por el sendero, mientras el hombre se quedaba en el marco de los angeles puerta, con una leve sonrisa en sus labios. Flossie regresó corriendo, alzada los angeles cola. Y Connie tuvo que penetrar en el bosque, torpe el paso, consciente de que el hombre estaba allí, observándola con aquella incomprensible sonrisa en sus labios. Llegó a su casa muy enojada y deprimida. No le había gustado en absoluto que el hombre dijera que ella le había utilizado como instrumento.

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